Nació en Roma, Italia en el año 816. En el año 864 prestó servicios distinguidos como emisario de Roma. Poco tiempo después cayó en desgracia a los ojos del papa Juan VIII quien lo mandó al destierro. Marino I lo restituyó en el año 883. Ya siendo papa fue enfrentado por la nobleza italiana por lo que el rey Arnulfo de Baviera lo auxilió. A cambio de su apoyo, Arnulfo fue coronado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico causando la afrenta de otro pretendiente al trono, Lamberto de Espoleto. Formoso falleció en abril del 896. En enero del 897, Lamberto obligó al papa Esteban VI a exhumar el cadaver de Formoso y lo juzgó en el llamado “Concilio Cadavérico”. Como resultado del concilio, el cadaver de Formoso fue mutilado y arrojado al río Tiber. Años después, los papas Teodoro II y Juan IX anularon la sentencia del mencionado concilio y rehabilitaron a Formoso.