Su nombre era Guido di Borgogne, hijo del conde Guillermo de Borgoña. Se opuso a Enrique V en el asunto de las investiduras lucha que dió como resultado la excomunión de Enrique V y del antipapa Gregrorio VIII a quien encarceló. El 23 de septiembre de 1122 firmó el famoso Concordato de Worms que puso fin a la "Querella de las Investiduras". Después de la firma del Concordato de Worms, la iglesia ganó la completa libertad de nombrar a sus obispos y demás funcionarios, sin la intervención de los reyes o emperadores. En el Primer Concilio Laterano se ratificó el Concordato de Worms.