Se nombró a sí mismo papa. Por todos era conocido como un hombre licencioso y sin escrúpulos. El mismo año de su coronación decidió que quería casarse con una joven romana. En pocas semanas cambió el papado por una fuerte suma de dinero y le entregó el trono a su padrino Juan Gratiano quien fue coronado como Gregorio VI. Al poco tiempo, y luego de verse rechazado por la dama con quien pretendía casarse, Benedicto IX volvería a Roma a reclamar con éxito la corona papal.