Contraviniendo las últimas órdenes de Esteban IX, que para elegir un nuevo papa, el clero debía aguardar la llegada a Roma del cardenal Hildebrando; la facción de los Túsculo valiéndose de sobornos y violencia puso como papa a Juan Mincius, obispo de Velletri con el nombre de Benedicto X. Quienes se opusieron a la elevación del antipapa Benedicto X fueron obligados a huir de Roma.