Oscar A. Domínguez L.
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Nació en Játiva, Valencia, 1 de enero de 1431 y murió en Roma, 18 de agosto de 1503
Fue el Papa nº 214 de la Iglesia Católica entre 1492 y 1503.
Su nombre de nacimiento era Rodrigo de Borja.
La estirpe de los Borgia tiene su origen en la noble familia de los Borja, Zaragoza, España.
Los que se fincaron en el reino de Valencia tras participar en su conquista junto a Jaime I.
Algunos de los miembros de la familia se establecieron en Nápoles y Roma a mediados del
siglo XV y adoptaron el nombre italiano por el que son mundialmente conocidos.
Rodrigo de Borja y Borja fue hijo de Jofré de Borja y de Isabel de Borja, hermana del
obispo de Valencia Alfonso de Borja, futuro papa Calixto III. Aunque comenzó sus estudios
en Valencia, tras el ascenso de su tío al papado Rodrigo le siguió a Roma. En sus estudios
en la Universidad de Bolonia consiguió el doctorado en Derecho, con lo que pasó a ser
notario apostólico. Su parentesco con el papa le valió ser nombrado en 1456 cardenal
diácono in pectore y legado para los estados de la Marca de Ancona, en 1457 vicecanciller de
la iglesia romana y en 1458 obispo de Valencia.[2] En 1468 recibió la diócesis de Albano.
Participó en los cónclaves de 1458, 1464 y 1471 en los que fueron elegidos respectivamente
Pío II, Pablo II y Sixto IV.[2
En el cónclave de 1492 en que fue elegido papa no se tuvieron en cuenta sus méritos
personales, sino que los criterios de elección fueron otros: se atendió más a posturas
políticas que a las religiosas.
El papa Alejandro había sido con anterioridad vicecanciller de la Iglesia, general de sus
ejércitos y prefecto de Roma, además de persona de confianza de los cuatro papas
precedentes y sagaz diplomático desempeñando funciones de legado de la Santa Sede ante
las cortes europeas. Reunía, pues, las condiciones precisas para gobernar unos estados —
los pontificios— que buscaban su engrandecimiento territorial y político, ajenos a que
constituían el patrimonio material de una organización eclesiástica de finalidad
exclusivamente espiritual.
A muchos papas anteriores a él se les acusó de nepotismo, en el caso de Alejandro VI el
nepotismo dio paso al paternalismo, pues tenía hijos en número sobrado como para
desempeñar todos los rentables ministerios cuyo otorgamiento quedaba en manos del
papa. Por ejemplo, son hijos suyos de madre no conocida: Girolama, Isabel y Pedro Luis,
quien sería el primer duque de Gandía. Siendo Rodrigo ya cardenal, hacia 1467, tuvo como
amante a Vannozza Cattanei, de esa relación nacieron: Lucrecia, César, Juan y Godofredo
(Jofré). Aún se le reconocen otros dos hijos de la tercera de las amantes «estables», Julia
Farnesio. Los utilizó a todos para cumplir con sus planes políticos, César fue el ejecutor de
sus campañas militares, y Lucrecia, cuya belleza usó como señuelo para seducir por vía
matrimonial a quienes conviniera a sus intereses del momento.
Su muerte
El 6 de agosto de 1503 Alejandro y César Borgia celebraron un banquete en la residencia
campestre del cardenal Adriano da Corneto, en compañía de otros comensales. Varios días
después todos ellos cayeron gravemente enfermos; la juventud de César le permitió
superar la enfermedad, pero Alejandro, a sus 73 años, murió el 18 de agosto.
La causa de su muerte sigue siendo desconocida; inmediatamente después de producirse,
se difundieron los rumores de que el fallecimiento había sido producido por la ingestión de
un veneno que César Borgia había preparado para asesinar a los otros convidados, y que
por el error de uno de los sirvientes les fue suministrado a ellos mismos; este hecho fue
dado por cierto por varios historiadores contemporáneos entre los que se contaron
Francesco Guicciardini y Paolo Giovio; posteriormente Juan de Mariana, Jerónimo Zurita o
W. H. Prescott sostienen la misma teoría.
Alejandro VI fue enterrado, junto a Calixto III, en la catedral de San Pedro. Cuando el
obelisco de Nerón fue trasladado al centro de la plaza, se destruyó el monumento funerario
y se recogieron los restos en una urna que años después se llevó a la iglesia de Santa María
de Montserrat.



Vanosa Cattanei y Julia
Farnesio, dos de las amantes
de Alejandro VI
Alejandro VI