Nació en Roma, Italia. El nombre de su padre era Porphyrius. Poco después de su elección fue enviado al exilio por las autoridades romanas. Cuando Publio Licinio Valeriano fue coronado emperador, Lucio I pudo regresar a Roma. Poco después de su regreso del destierro, Cipriano de Cartago le envió una carta en la que da gracias a Dios por el regreso de Lucio. Con respecto a los “lapsi” (caídos) Lucio siguió el ejemplo de Cornelio según lo expresa en una carta dirigida a Esteban que sería su sucesor. En la carta le dice: “...llenos del Espíritu de Señor y confirmados en glorioso martirio, juzgamos que a los 'lapsi' debe dárseles el perdón...”. Lucio I murió el 5 de marzo del año 254 supuestamente decapitado aunque esa afirmación no ha podido ser verificada. Fue enterrado en las catacumbas del cementerio Calixto. Cuando se halló su tumba también fue encontrada una parte de la lápida en la que se lee su nombre. Algunas tradiciones dicen que antes de morir, Lucio le encargó la iglesia a Esteban, su sucesor.