Oscar A. Domínguez L.
Colegio Evangélico La Palabra Quetzaltenango, Guatemala C.A.
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Cipriano de Valera
El hereje español
Cipriano de Valera, llamado "el hereje español" escribía con gran soltura y fecundidad. Publicó una traducción de las
instituciones o catecismo de Calvino. Él y otros audaces luteranos tenían como objetivo su propio país; trataban de introducir
la Palabra de Dios en castellano a España, desafiando con audacia la ira del Santo Oficio y del rey Felipe II.
Por el año 1588, en una mañana de julio, los vecinos de la calle que conducía a una de las cárceles de Londres
contemplaban un espectáculo novedoso.
Un gran número de hombres, encadenados y bajo la vigilancia de soldados ingleses, eran llevados a la prisión. Sus rostros,
su lenguaje y hasta sus vestidos denotaban que eran extranjeros, al caminar mecían sus cuerpos en la forma característica
de aquellos que descienden a la mar en navíos.
No tardó en pasar la caravana y los marineros se perdieron tras los muros de la lóbrega cárcel. Las paredes eran húmedas,
había mucha suciedad, ratas, insectos y enfermedades; posiblemente hasta les esperaba la muerte. Aquellos hombres se
sentían totalmente desanimados al verse en tales condiciones.
Eran españoles y hacía pocas semanas que habían salido de su tierra formando parte de la “Armada Invencible”. La
formidable armada que envió Felipe II para vencer a los herejes ingleses.
La “Armada Invencible” fue vencida y casi aniquilada. Sólo una tercera parte de los barcos pudo regresar a España, el resto
quedó en el fondo del mar.
Los marineros salieron de España llenos de expectativas, pensaban entrar triunfalmente a Inglaterra y llevarse honores de
conquistadores. Ahora se encontraban hacinados como vulgares criminales, abandonados en una cárcel de Londres.
El inglés era para ellos un idioma de bárbaros, una lengua de luteranos y piratas. Echaban de menos el sol y el aire de
España. Pensaban en sus seres queridos, a quienes posiblemente nunca más verían. Todo los hacía sentir abatidos y
abandonados. De pronto, se abrió una puerta y entró al lugar un hombre pequeño acompañado por el alcaide de la cárcel.
Los españoles ni siquiera levantaron la vista. Sin duda sería algún inglés que había llegado para mofarse de su miseria.
De pronto, el recién llegado les comenzó a hablar en español. Un español perfectamente articulado, con un leve acento
andaluz. Fue una sorpresa muy grata para los prisioneros. Todos se pusieron de pie y lo rodearon. Comenzaron a
preguntarle: ¿Cuánto tiempo estarían presos? ¿Habría forma de conseguir ropa y medicinas? El visitante les respondía con
amabilidad y paciencia.
La alegría que emanaba el recién llegado tocó a cada prisionero. Mientras les hablaba, el visitante hacía una lista de las
necesidades de sus compatriotas. Se marchó prometiendo conseguir todo lo que fuera necesario.
Los visitaba todos los días, conversaban y luego les leía alguna porción del libro que el rey de España Felipe II había
prohibido, la Biblia. Les hablaba de aquel Señor Jesús cuya paz podía hacer que los hombres se gozaran no importando que
estuvieran en la cárcel y el destierro.
Pronto los prisioneros supieron que su visitante era Cipriano de Valera, que había tenido que huir de España por la
persecución religiosa. La semilla sembrada en la cárcel sin duda tuvo buen fruto. Los marineros españoles, cuando por fin
volvieron a su patria, llevaban una idea muy diferente respecto a lo que eran y lo que enseñaban los “herejes protestantes”.
Algunos de ellos habrían abierto su corazón para recibir la Salvación en Jesús. Un tesoro que era más valioso que todo el
imperio de Felipe II.
Cipriano de Valera nació en Sevilla en 1532. Aún siendo muy joven ingresó al monasterio de San Isidro del Campo. Muchos
de los monjes de esa congregación se convirtieron al protestantismo y pronto aquel monasterio se convirtió en uno de los
bastiones de la Reforma en España. Valera conoció la verdad por medio del Dr. Egidio y por medio de Garci-Arias a quien
llamaban el doctor blanco. Después de su conversión, Valera se vio obligado a huir de España junto a otros frailes.
Valera se fue a Inglaterra donde, según su detractor Menéndez y Pelayo, se casó. Si Cipriano de Valera hubiera seguido en
la iglesia Católica, si hubiera sido el más corrupto de los frailes españoles, no lo habrían tachado de lujurioso. Pero como en
el momento que conoció la verdad del Evangelio decidió dejar los hábitos religiosos y se casó con una mujer honrada,
entonces se transforma en inmoral. ¡Extraña moral y extraña la lógica la que muestra a veces la iglesia católica!
Valera ingresó a la Universidad de Cambridge donde obtuvo el título de Bachiller y Maestro en Artes. Luego continuó
estudiando en la Universidad de Oxford. En 1597 publicó una traducción de “La Institución de Calvino” en la que incluyó su
propia introducción. En 1599 publicó su libro “El Papa y la Misa”.
De todos sus trabajos, el más conocido es la revisión de la Biblia de Casiodoro de Reina, en la que se encuentra un prólogo,
del cual reproducimos una parte:
En 1596, Valera publicó el Nuevo Testamento en Inglaterra. La Biblia completa la publicó en 1,602. Muy poco se sabe de lo
que pasó después con Cipriano de Valera. Según una carta de Jacobo Arminio podemos deducir que Cipriano pasó muchas
penurias y murió en la pobreza.
En 1625 Enrique Lorenzi hizo una nueva edición del Nuevo Testamento de Valera sin modificación alguna. Dos siglos
después Sociedades Bíblicas comenzó a imprimir el trabajo de Valera en lo que hoy conocemos como la versión Reina-
Valera, de la que se han impreso cantidades fabulosas.
El trabajo que yo he tomado para sacar a luz esta obra ha sido muy grande, y de muy largo tiempo: y tanto ha sido mayor, quanto yo he tenido menos ayuda de alguno de mi nación que me ayudasse, siquiera a leer, escrevir o corregir. Todo lo he hecho yo solo. Ha plazido a mi buen Dios de tomarme por instrumento (aunque indigno y insuficiente) para acometer una tan grande empresa, y darme fuerczas y ánimo para no desmayar en mitad del camino, y dar con la carga en tierra.
Demás desto, Satanás recelándose del daño y ruyna que esta Biblia española causará en su reino, ha procurado por las vias possibles (conforme a su maldito odio y rancor que tiene contra Dios y su gloria) y con nuevas estratagemas y ardides impedirla. Mas con todo esto no ha podido salir con la suya. Porque nuestro Dios (cuya causa en esta obra se trata) le ha tenido las riendas y le ha de tal manera sofrenado con el freno de su potencia, que no ha hecho sino lo que su Magestad le ha concedido que hiziesse. Y aun esto ha sido para exercitar mi paciencia y augmentar mi fe en él, que por su misericordia me ha dado.
Yo siendo de 50 años comencé esta obra; y en este año de 1602 en que ha plazido a mi Dios sacarla a luz, soy de 70 años (edad es esta en que las fuerzas desfallecen, la memoria se entorpece y los ojos escurecen). De manera que he empleado 20 años en ella. Todo el qual trabajo doy por muy bien empleado. Mi intento ha sido servir a mi Dios y hacer bien a mi nación. Y qué mayor bien les puedo hacer que presentarles el medio que Dios ha ordenado para ganarle ánimas, el cual es la lección de la Sagrada Escritura? Aquí se dan buenas nuevas a los pobres; aquí se da la medicina para sanar a los quebrantados de corazón; aquí se pregona a los captivos libertad y a los ciegos vista; Aquí se publica el año agradable del Señor; Aquí los tristes son consolados, y lo demás que dixo Esaías cap. 61. Y el Señor lo alega. Luc. 4:18. Plega a su Magestad quiera por su Christo acceptar es mi Minchah, este sacrificio vespertino, que yo le offrezco en mi vejez. Suplícole bendiga esta su obra, para que su sacrosancto nombre, el qual es anunciado en ella sea santificado en España, como lo es en otras naciones. Esta Biblia fué imprimida con la ayuda y assistencia de pía gente. He dicho esta para que su memoria sea eterna; y para que otros a su exemplo se ocupen de semejantes obras de piedad. Hazer esto es juntar (como el Señor nos manda, Mat. 6.20) thesoros en el cielo donde ni polilla ni orín los come; y donde ladrones no minan ni hurtan. ...y assi seays salvos por la sangre de aquel Cordero sin manzilla que se sacrificó a si mismo en el ara de la cruz para alcanzaros perdón de vuestros pecados delante del Padre. Assi sea. Vuestro hermano en el Señor
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