Oscar A. Domínguez L.
Colegio Evangélico La Palabra Quetzaltenango, Guatemala C.A.
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Bartolomé
Armenia, año 70 d.C.
El rey de Armenia le gritó a Bartolomé: “Estás alterando la adoración de nuestros dioses. No sólo eso, ¡También has
pervertido a mi propio hermano!”. Pero Bartolomé no se retractó.
Era uno de los doce discípulos originales. Había predicado valientemente el mensaje de Jesús por 37 años. Predicó en
las ciudades paganas de lo que hoy es Turquía, luego viajó a la India. Una vez en la India, aprendió el lenguaje, tradujo
el Evangelio de San Mateo y le enseñó a los indúes el camino de la Salvación en Cristo Jesús. Predicó en doce
ciudades de Armenia (entre lo que hoy conocemos como Turquía e Irán). Mucha gente se convirtió de la idolatría y
siguió a Jesús. Uno de los convertidos era hermano del rey de Armenia con toda su familia.
Bartolomé valientemente le respondió al rey: “He predicado la adoración verdadera de Dios por todo tu país. No he
pervertido a tu hermano ni a su familia, por el contrario, los he convertido a la verdad”.
El rey Astyagues amenazó a Bartolomé diciéndole: “A menos que dejes de predicar a Cristo y comiences a hacer
sacrificios al dios astaroth, serás condenado a muerte”.
Bartolomé respondió: "Puedes estar seguro rey Astyagues que yo nunca haré un sacrificio a tu ídolo. Antes que negar
mi fe, sellaré lo que he predicado con mi propia sangre”.
Al oír esto, el rey ordenó y dijo: “Quiero que este hombre padezca la más severa tortura. Primero, que reciba golpes en
todo el cuerpo. Luego, cuélguenlo de cabeza en una cruz y finalmente, quítenle la piel estando vivo”.
El mandato del rey fue seguido al pie de la letra. Bartolomé fue golpeado, crucificado y desollado. A pesar de todo
esto, estaba todavía consciente y seguía exhortando a la gente a creer en Jesús y a que adoraran solamente a Dios.
Finalmente, y para evitar que siguiera hablando, uno de los hombres del rey, tomó un hacha y le cortó la cabeza.
Bartolomé se unió a Jesús, su Señor.
La historia de la iglesia registra los nombres de hombres y mujeres como Bartolomé, que se han mantenido en el
llamamiento supremo hasta que sus voces han sido silenciadas por la muerte. A pesar de sufrir crueles torturas
mantuvieron su testimonio, con la esperanza de que sus últimas palabras ayudaran a otra persona a creer.