El hinduismo y el cristianismo son diametralmente opuestos. En un principio el hinduismo propone que todas las religiones llevan a Dios. También dice que ninguna religión puede ser el camino exclusivo hacia Dios (ver "Lo que hace único a Jesús"). El punto más débil del hinduismo es su falla en tratar adecuadamente con el problema del pecado, por lo que no puede establecer un camino ni una relación entre el hombre y Dios.
El pecado ha alienado al hombre y lo ha separado irreparablemente de Dios. Esa brecha es infranqueable porque el hombre no puede reparar por con sus propios medios su actual estado de destitución. Alienado de Dios, de sus semejantes y de sí mismo, el hombre no encuentra salida en el induismo que para combatir el pecado solamente propone la meditación y una autoimpuesta disciplina espiritual. En todo caso, el hombre no puede superar su estado de pecado y necesita un Salvador, uno superior a él mismo, uno sin manchas que pueda cubrir sus fallas y pecados.
Algunos reformadores hindúes como Sri Aurobindo (1872-1950) han buscado en las enseñanzas de la Biblia soluciones a los puntos débiles del induismo. Por el lado cristiano, hombres como Raimundo Panikkar (nacido en 1918) han urgido que el cristianismo implemente términos hindúes para alcanzar a las personas de esa religión.