Movimiento de la iglesia y la corona francesa que se oponía a la hegemonía papal particularmente sobre Francia. Era una combinación de doctrinas teológicas y posiciones políticas que se aunaron para independizar al clero y a la corona francesa de los intentos hegemónicos del poder papal. El montanismo extremo era lo opuesto y una corriente activa en los asuntos internos franceses que clamaba por la intervención directa del papa en la vida de Francia.
En el plano eclesiástico, el galicanismo proponía que el papa debía someterse a las decisiones de los concilios ecuménicos, que todos los obispos eran establecidos por derecho divino como sucesores de los apóstoles y que el papa no era infalible.
Existían otras formas de galicanismo, como el galicanismo real que sostenía una absoluta independencia de la corona francesa respecto al papa. También estaba el galicanismo parlamentario que demandaba la total subordinación de todas las instituciones religiosas a los poderes del estado e incluía la potestad del gobierno de fiscalizar los asuntos financieros e intervenir en instancias disciplinarias de la iglesia.
El galicanismo se inició al principio de la edad media, como una reacción nacionalista producto de la pugna de la corona y las autoridades francesas contra el papado respecto quién debía ejercer la autoridad política y nombrar funcionarios clericales así como quién debía realizar el cobro de ciertos impuestos.
En 1516, el papa León X firmó el "Concordato de 1516" en el que le otorgó al rey de Francia el derecho de nombrar a todos los obispos de su reino. Esta tendencia se consolidó al máximo con la "Declaración del Clero de Francia" también conocida como los "Cuatro Artículos Galicanos de 1682, propuestos tanto por los políticos del país como por los religiosos católicos, encabezados por el obispo Jacques Benigne Bossuet y ratificados por el rey Luis XIV. Los Cuatro Artículos reafirmaban el galicanismo eclesiástico y real, como era de esperarse, el papa Inocencio XI los rechazó, pero lo asombroso es que poco después también el mismo rey Luis XIV renunció a ellos.
El Concilio Vaticano I (1869.-70), específicamente la aceptación de la "Infalibilidad papal" por parte de la mayoría de los obispos católicos, así como un renacimiento del montanismo en el clero francés terminaron con el Galicanismo.