Alejandría constituyó el foco intelectual del recién formado imperio romano. En lo referente a la filosofía y a la religión, en esta ciudad se movía un fuerte movimiento sincrético. En Alejandría halló aceptación el gnóstico Basílides, a sus seguidores se les conoció como basilidianos y seguían un evangelio apócrifo escrito por Basílides, con una mezcla de dualismo, estoicismo y platonismo. Otros exponentes del gnosticismo presentes en Alejandría fueron Carpocrates y Valentino. De esta cuna del sincretismo se cree que emergió el libro apócrifo llamado "La epístola de Bernabé". Entre los principales escritores de principios de esta escuela se halla Clemente de Alejandría, quien tenía una escuela teológica en esta ciudad. Clemente basó su trabajo en los escritos de Filón de Alejandría que intentaba reconciliar las enseñanzas de la Biblia con la cultura y tradiciones griegas. El máximo exponente de los intelectuales alejandrinos fue Orígenes. En el siglo IV, floreció en Alejandría el notable maestro cristiano llamado Dídimo el Ciego. A pesar de su impedimento físico, Dídimo era un gran erudito y vehemente defensor de las enseñanzas del credo de Nicea. Dídimo tomó partido por Orígenes y fue su defensor, por lo que muchos de sus escritos se perdieron cuando su defendido fue condenado en el concilio de Constantinopla del año 553.