Colegio Evangélico La Palabra Quetzaltenango, Guatemala C.A.
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Oscar A. Domínguez L.
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Tomás Becket
Nació en el seno de una familia burguesa originaria de Ruán en Normandía.
Uno de los amigos ricos de su padre, de nombre Richer de L'aigle quien posteriormente
firmó la constitución de Clarendon contra Tomás-, que se sentía atraído por sus hermanas,
lo introdujo a la equitación. A los diez años realizó sus primeros estudios de leyes civiles y
canónicas en la abadía de los monjes de Merton, en Surrey.
Estudió teología en París y Bolonia. De regreso a Inglaterra, entró al servicio del arzobispo
de Canterbury, Teobaldo, quien, impresionado por su capacidad y sagacidad, le encargó
varias misiones importantes y delicadas en Roma.
En el año 1154 fue nombrado arcediano de Canterbury y preboste de Beverley y, al año
siguiente, canciller del reino.
El rey Enrique II de Inglaterra, como todos los reyes, quería ser el soberano absoluto, sin
que la Iglesia le estorbara de manera alguna. Quería eliminar los privilegios adquiridos por el
clero inglés que consideraba disminuían su autoridad. Becket le pareció la persona más
idónea para defender sus intereses; el joven canciller se convirtió no sólo en un fiel servidor
de Enrique II, sino también en un excelente compañero de caza y diversiones, manteniendo,
no obstante, con mucha diplomacia, su renuncia a las pretensiones del rey.
Nadie dudaba, excepto quizá John de Salisbury, de la total entrega y fidelidad de Becket a la
causa real. El rey envió a su hijo Enrique a vivir en la casa de Becket, tal y como se
acostumbraba a hacer con los niños de la nobleza. Más tarde ésta sería una de las razones
por las cuales Enrique se enfrentaría a su padre, al estar afectivamente ligado a su tutor
Becket.
El arzobispo Teobaldo falleció el 18 de abril de 1161 y el la iglesia acogió con indignación el
hecho de que el rey les impusiera a Tomás Becket como sucesor en la sede arzobispal de
Canterbury. La elección tuvo lugar en mayo y Becket fue consagrado el 3 de junio de 1163.
Desde el momento en que fue consagrado, una transformación radical se operó en el nuevo
Primado ante el asombro de todo el reino. De cortesano alegre dedicado a los placeres se
convirtió en un hombre austero con ropas de monje y dispuesto a defender hasta la
muerte la causa de la jerarquía eclesiástica.
Ante el cisma que dividía a la Iglesia, Becket se inclinó a favor del papa Alejandro III que
sustentaba los mismos principios jerárquicos y recibió el "palio" de manos de Alejandro III
en el concilio de Tours.
De regreso a Inglaterra, Becket empezó a poner en práctica el proyecto que había
preparado: liberar a la Iglesia de Inglaterra de las limitaciones que él mismo había
consentido aplicar. Su objetivo era doble: abolición completa de toda jurisdicción civil sobre
la Iglesia, con el control no compartido por el clero, libertad de elección de sus prelados y la
adquisición y seguridad de la propiedad como un fondo independiente.
El rey comprendió rápidamente el resultado inevitable que esta actitud del arzobispo
comportaba y convocó al clero en Westminster el 11 de octubre de 1163, exigiendo la
derogación de todas las demandas de excepción jurídica civil y reconociendo la igualdad de
todos los individuos ante la ley. La alta prelatura se hallaba dispuesta a admitir las
peticiones del rey, a lo que se negó, firmemente, el arzobispo. Enrique no estaba dispuesto
a mantener una disputa abierta y propuso un acuerdo apelando a las costumbres del
pasado. Tomás aceptó este compromiso aunque con ciertas reservas respecto a la
salvaguarda de los derechos de la Iglesia; no hubo consenso y la cuestión quedó sin
resolver. Enrique II, insatisfecho, abandonó Londres.
Las constituciones de Clarendon
El rey convocó otra asamblea en Clarendon el 30 de enero de 1164 en la que presentó sus
demandas expuestas en dieciséis puntos. Sus peticiones implicaban el abandono de la
independencia del clero y su dependencia de Roma. Aparentemente obtuvo la aprobación
del clero, pero no la de su Primado.
Becket trata de llegar a un acuerdo mediante la discusión de los puntos expuestos por el
rey, pero ante la obstinación del mismo, se niega a firmar el tratado. Esto significó la guerra
abierta entre los dos poderes en cuestión. Enrique trata de deshacerse de Becket por la vía
judicial y le convoca ante el gran consejo de Northampton el 8 de octubre de 1164 para
responder a la acusación que se le hace: oposición a la autoridad real y abuso de su cargo
de canciller.
Becket deja Inglaterra
Becket niega el derecho de la asamblea para juzgarle y apelando a la autoridad Papal, y se
exilia voluntariamente el 2 de noviembre, en Francia. Se dirige a Sens donde se encontrará
con el papa Alejandro III, que recibe asimismo a unos enviados del rey que solicitan, en su
nombre, que tome medidas contra Becket y envíe un legado a Inglaterra con autoridad
plenaria para resolver el problema. Alejandro III no lo escucha y por el contrario, apoya a
Becket.
Enrique persigue al arzobispo fugitivo dictando una serie de decretos contra Becket
aplicables a todos sus amigos y partidarios; pero Luis VII de Francia le acoge y le ofrece su
protección. Becket permanece dos años en la abadía cisterciense de Pontigny, hasta que las
amenazas de Enrique le obligan a regresar a Sens.
Becket, en plena posesión de sus prerrogativas, quería que su posición fuera mantenida
por medio de la excomunión y la prohibición, pero aunque Alejandro III simpatizaba con los
ideas de Becket, prefería contemporizar y atemperar para lograr sus propósitos. Las
diferencias entre el papa y el arzobispo se hicieron patentes y empeoraron cuando, en
1167, unos legados fueron enviados a Inglaterra con autoridad para arbitrar en la cuestión.
Obviando esta limitación sobre su jurisdicción y persistiendo en sus principios, Becket pacta
con los legados y se somete a las condiciones del rey a cambio de que éste respete los
derechos de su orden.
Su firmeza parece recompensada cuando, en 1170, el papa está a punto de cumplir sus
amenazas de excomulgar al rey; Enrique, inquieto ante esta eventualidad, trata de llegar a
un acuerdo que permita el regreso de Tomás a Inglaterra y dejarle continuar con su
ministerio.
Ambas partes siguieron irreconciliables y Enrique, apoyado por sus partidarios, se niega a
devolver las propiedades eclesiásticas que había invadido. Tomás prepara la sanción contra
todos aquellos que habían privado a la Iglesia de sus bienes y contra los obispos que la
habían secundado. Tomás ya había sido enviado a Inglaterra para su promulgación,
desembarcó en Sándwich el 3 de diciembre de 1170 y, dos días después, entró en
Canterbury.
Asesinato
La tensión existente entre ambas partes imposibilitaba una salida satisfactoria y la
catástrofe se veía venir. Dos frases del rey, exasperado: "¿no habrá nadie capaz de
librarme de este cura turbulento?" y "es conveniente que Becket desaparezca" (es posible
que las frases fueran apócrifas, según la tradición fueron dichas en un ataque de ira),
fueron interpretadas como una orden para cuatro caballeros anglo-normandos: Reginald
Fitzurse, Hugo de Morville, William Tracy y Richard Brito que, de inmediato, proyectaron el
asesinato del arzobispo que llevaron a cabo el martes 29 de diciembre de 1170 en el atrio
de la catedral de Canterbury mientras asistía a vísperas con la comunidad monástica.
Becket fue reverenciado por los fieles de toda Europa que le consideraron un mártir.
Apenas tres años después, en 1173, fue canonizado por Alejandro III. El 12 de julio de
1174, Enrique II tuvo que hacer penitencia públicamente ante la tumba de su enemigo, que
se convirtió en uno de los lugares de peregrinaje más populares de Inglaterra, hasta que
fue destruida durante la disolución de los monasterios (1538 a 1541). En 1220, los restos
de Becket fueron trasladados desde su primera tumba a un relicario en la recién terminada
capilla Trinity. El suelo sobre el que descansaba ese relicario es aún señalado con una vela
encendida. Hoy día, los arzobispos celebran la eucaristía en este lugar para conmemorar el
martirio de Becket y el traslado de su cuerpo a ese emplazamiento.
Su resistencia a la autoridad real le enemistó con la corte y esa postura disidente le llevó a
la muerte.

Miniatura del siglo XIII
mostrando el asesinato
de Becket.