Oscar A. Domínguez L.
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Agustín
Agustín de Hipona
Su nombre era Aurelius Augustinus. Nació en Tagaste, norte de Argelia el trece de
noviembre del año 354 y murió en Hipona, Numidia hoy Argelia en el norte de Africa el 28 de
agosto del 430 d.C.
El papa Bonifacio VIII lo proclamó Doctor de la Iglesia el 20 de septiembre de 1295.
Infancia y juventud
Su padre se llamaba Patricio, su madre, Mónica es presentada por la iglesia como ejemplo de
"mujer cristiana" quien viendo que su hijo se separaba del cristianismo se entregó a la
oración. Años más tarde Agustín se llamaría a sí mismo "hijo de las lágrimas de su madre".
desarrolló una gran elocuencia. Durante sus años de estudiante en Cartago desarrolló una
irresistible atracción hacia el teatro, en ese ambiente buscaba siempre recibir halagos.
Cartago le prodigó triunfos por su genio retórico y sobresalió en concursos poéticos. En ese
mismo tiempo se bañó ciegamente en las más diversas pasiones humanas siguiendo sus
deseos sensual se volvió un mujeriego empedernido. A pesar de todo no abandonó sus
estudios, especialmente los de filosofía. En sus Confesiones Agustín hace una crítica amarga
de su juventud.
Cuando tenía diecinueve años escuchó la lectura de Hortensius sobre Cicerón lo que
despertó un mayor deseo de estudiar filosofía. Fue alrededor de esta época que Agustín
conoció a una mujer cartaginesa cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros con la que
mantendrá una relación de catorce años y con la cual procreó a su hijo Adeodato.
En su búsqueda del problema de la verdad, Agustín va de una escuela filosófica a otra sin
hallar respuesta a sus interrogantes. Abraza el maniqueísmo creyendo que encontraría un
modelo para su vida. Luego de varios años la abandonó y se hizo escéptico.
En el año 383 viaja a Roma a continuar su búsqueda. Al poco tiempo de haber llegado se
enferma de gravedad. Una vez recuperado y gracias a su amigo Símaco, quien funge como
prefecto de Roma, es nombrado "magister rhetoricae" en la ciudad de Mediolanum, hoy Milán.
Su conversión al cristianismo
En Milán Agustín empezó a las enseñanzas del obispo Ambrosio, quien lo impactó con sus
predicaciones y la pureza de su corazón. Entonces decidió romper definitivamente con el
maniqueísmo que de un modo u otro seguía arrastrando.
En el año 386 se dedica totalmente al estudio formal y metódico del cristianismo. Renuncia a
su cátedra y se retira con su madre y otros seguidores a Casiciaco, cerca de Milán, para
dedicarse al estudio y la meditación. El 23 de abril del año 387, a los treinta y tres años de
edad, es bautizado en Milán por el obispo Ambrosio. Ya bautizado decide regresar al África.
De camino y antes de de embarcarse, su madre Mónica muere en el puerto de Ostia.
Cuando llegó a Tagaste su tierra natal, Agustín vendió todos sus bienes y repartió el dinero
entre los pobres. Solamente dejó para sí una pequeña propiedad a donde se retiró para
hacer vida monastica.
En el año 391 Agustín viajó a Hipona en búsqueda de un lugar donde abrir un monasterio.
Fue durante un culto que Agustin fue elegido para ser ordenado para el ministerio. Condenó
las prácticas de los maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos y priscilianistas. Participó en
los Concilios regionales III de Hipona del 393, III de Cartago del 397 y IV de Cartago
realizado en el año 419. En los dos últimos fungió como Presidente, en los que fue
sancionado definitivamente el Canon bíblico que había sido propuesto por el Papa Dámaso I
en Roma en el Sínodo del año 382.
Agustín murió en Hipona el 28 de agosto del año 430 durante el sitio al que Genserico
sometió a la ciudad.
Su legado permanece hasta la fecha y multitud de creyentes de distinta denominación
cristiana lo recuerdan.