Bienvenido al portal del Nuevo Testamento The Word - La Palabra © Welcome to the Spanish New Testament The Word - La Palabra ©
|
La pregunta de Juan a Jesús (3)
Lo que hallo en este evangelio es que trata de descubrir si Juan el Bautista sabía que Jesús era el
verdadero Cristo, aunque esta pregunta es innecesaria e importa muy poco. San Ambrosio piensa
que Juan hizo esta pregunta no por ignorancia o por duda, sino en un espíritu cristiano. Jerónimo
y Gregorio escribieron que Juan le preguntó si Él sería el primero también en ir al infierno, una
opinión que no tiene la más mínima base, ya que el texto claramente dice: "¿Eres tú el que ha de
venir o esperaremos a otro?". De acuerdo a estas palabras, esta espera de Cristo se refiere a su
venida a la tierra y quienes esperaban eran los judíos, de otra forma Juan habría preguntado: "o
los que están en el infierno esperan por ti?" y ya que Cristo con sus obras respondió que Él había
venido, es cierto que Juan estaba inquiriendo sobre su venida corporal, tal como Cristo mismo lo
comprendió y respondió de acuerdo a la pregunta. Aunque no niego que Cristo también
descendió al infierno como confesamos en nuestro credo.
2) Aquí es evidente que Juan sabía muy bien que Jesús era el que había de venir, porque él lo
bautizó y testificó que Cristo era el Cordero de Dios que lleva los pecados del mundo, y también
vió al Espíritu Santo descendiendo sobre Él en forma de paloma y escuchó la voz del cielo que
decía: "Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia". Todo está completamente relatado
por los cuatro evangelistas. Entonces ¿por qué hizo esta pregunta Juan? La respuesta es que la
pregunta fue hecha en primer lugar sin una buena razón, es cierto que Juan hizo la pregunta por
causa de sus discípulos, quienes no sabían que Jesús era el Cristo. Y Juan no vino para hacer
discípulos y atraer a la gente hacia sí mismo, sino a preparar el camino para el Cristo; para guiar a
todos a Cristo y para hacer que toda la gente se sujetara a Jesús.
3) Ahora, los discípulos de Juan habían oído de él muchos excelentes testimonios acerca del
Cristo, como que era el Cordero de Dios y el Hijo de Dios y que Cristo debía hacerse cada vez más
grande mientras que él debía disminuir. Sus discípulos y el resto de la gente todavía no creía todo
esto, tampoco podían comprenderlo ya que para ese momento todos tenían en mayor estima a
Juan que a Jesús. Por esta razón, siguieron a Juan al extremo de sentirse celosos y descontentos
con Jesús cuando vieron que también Jesús bautizaba, hacía discípulos y atraía a las multitudes
hacia sí. Se quejaron ante Juan porque temían que su maestro perdiera estima como leemos en
Juan 3:26;
Y vinieron a Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo
de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he
aquí bautiza, y todos vienen a él.
4) Fueron llevados a este error por dos razones, primero porque Cristo todavía no había sido
dado a conocer a la gente, solamente a Juan, tampoco había hecho hasta ese momento ningún
milagro, así que ninguno era tenido en alta estima sino solamente Juan. Por eso les pareció
extraño que Juan los enviara a otro, en tanto que en ese momento no había otro que hubiera
ganado gran nombre y fama. La otra razón era porque Cristo parecía tan humilde y común,
siendo el hijo de un pobre carpintero. No pertenecía al sacerdocio ni a los eruditos y educados,
era más bien un laico y un aprendíz. Nunca había estudiado, era hijo de una familia de obreros, tal
como cualquier otro laico, así que aparentemente el excelente testimonio de Juan respecto al
Cristo y la vida de aquel aprendiz de carpintero laico llamado Jesús de Nazaret no armonizaban.
Por lo tanto, aunque creían que Juan decía la verdad, todavía pensaban: Posiblemente sea
alguien más y no este Jesús, buscaban a alguien que apareciera de forma espectacular e
imponente, un poderoso rey o un sacerdote que hiciera gala de enormes conocimientos. De tal
engaño no podía librarlos con sus palabras. Los discípulos de Juan siguieron adheridos al
Bautista y pensaban que Jesús era alguien muy inferior por lo tanto seguían esperando
espectantes la aparición de aquella gran persona de la que hablaba su maestro. Si acaso Jesús
fuera en verdad el que Juan anunciaba, entonces tendría que asumir una actitud muy diferente a
la que había observado hasta ese momento, debía montar un hermoso corcel, usar espuelas
brillantes y marchar raudo como un señor y rey de Israel, tal como habían hecho los reyes del
pasado. Hasta no ver una conducta semejante en Jesús, aquellos discípulos estaban dispuestos a
seguir a Juan solamente.
5) Pero cuando Jesús comenzó a hacer milagros y se hizo famoso, entonces Juan pensó en alejar
de sí mismo sus discípulos y enviarlos hacia el Cristo, para que no puedieran pensar en establecer
una nueva secta y convertirse en "juanistas", sino que todos siguieran a Cristo y convertirse en
cristianos; Juan los envía a Jesús para que de ese momento en adelante pudieran aprender no
solamente del testimonio que él dio de Cristo, sino también de las palabras y los hechos del Cristo
mismo, que él era de quien Juan había hablado. No debía esperarse que las obras y la venida de
Cristo fuera anunciada con tambores y pompa mundana, sino con poder espiritual y gracia, que no
se darían escenas jinetes avanzando sobre alfombras sino de virtud de tal poder y gracia que los
muertos serán levantados, los ciegos recibirán la vista, los sordos oirán y toda clase de mal
corporal y espiritual será removido. Esa será la señal que marque la venida de este Rey. Todos
los reyes, los sabios y los ricos de este mundo juntos no podrían llevar a cabo ni la más pequeña
de esas señales. Este es el significado del texto de Mateo 11:2 y 3:
Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, le envió
dos de sus discípulos,
Diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos
á otro?
6) Como si Juan le hubiera dicho a sus discípulos: "Han oído de sus obras, tales que yo nunca
hice ni ha hecho nadie antes que él. Vayan pues y pregúntenle si es él el que ha de venir".
Hagan a un lado la concepción engañosa de que había de venir montado en un gran corcel y con
brillante armadura, él está aumentando, mientras yo decrezco, mi obra debe cesar pero él debe
continuar, ustedes deben dejarme y seguirlo a él.
7) Era necesario que Juan apartara de sí mismo a sus discípulos y los enviara en pos de Cristo,
porque ¿qué beneficio obtendrían si siguieran la piedad de Juan y no conocieran a Jesús?. Sin
Cristo no hay ayuda ni remedio, no importa qué tan pío pueda ser el hombre. Así que en nuestro
tiempo, ¿Qué beneficio obtienen los monjes y monjas de observar las reglas de San Benedicto,
San Bernardo, San Francisco, San Dominico y San Agustín si no abrazan a Cristo ni dejan a su
Juan Bautista? Todos los benedictinos, cartusianos, frailes descalzos, eclesiastas, augustinianos,
carmelitas, todos los monjes y monjas están ciertamente perdidos mientras que sólo los cristianos
son salvos. A quien no es cristiano, ni Juan el Bautista puede ayudarlo, ni Juan el Baustita que
según Cristo era el más grande de todos los santos.
8) Sin embargo, Juan trata amablemente con sus discípulos, tiene paciencia con su fe débil y
espera hasta que se haga más fuerte. No los condena porque no crean firmemente en él.
Entonces, de la misma forma, debemos tratar las conciencias de los hombres que están enredados
con los ejemplos y reglas de hombres píos, hasta que logren liberarse de ellos.
II LA RESPUESTA DE CRISTO, DADA EN PALABRAS Y HECHOS.
Cristo le respondió a Juan también por causa de sus discípulos; le respondió en dos formas:
Primero, con sus obras
Cristo le respondió a Juan también por causa de sus discípulos; le respondió en dos formas:
Primero, con sus obras, segundo con sus palabras. Él hizo lo mismo cuando los judíos lo rodearon
en el templo y le preguntaron: "Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente" Juan 10:24. Pero él
les habla de sus obras diciendo en Juan 10:25: "...Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo
hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí". De nuevo, en Juan 10:38 les dijo:
"...aunque a mí no creáis, creed a las obras". Aquí, Cristo apunta primero a las obras y luego a las
palabras diciendo en Luc. 7:23: "Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí". Con
estas palabras no solamente confiesa que Él es el Cristo, sino también les advierte de no hallar
tropiezo o motivo de escándalo en Él. Si Él no fuera el Cristo, entonces aquel que no halla
tropiezo o motivo de escándalo en Él no podría ser bendito. Porque ningún santo puede
ayudarnos, ninguno, sólo Cristo.
10) La respuesta de su obras es más convincente, primero porque tales obras nunca antes
habían sido hechas ni por Juan ni por nadie más. Segundo, porque estas obras fueron
profetizadas por los profetas. Por tanto, cuando vieron que sucedía tal como lo habían predicho
los profetas, pudieron y debieron tener certeza de los acontecimientos que observaban. Por eso
Isaías había dicho respecto a estas obras en Isaías 61:1:
EL espíritu del Señor Jehová está sobre mí, porque me ha ungido Jehová; me ha enviado a
predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar
libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel;
Cuando Isaías dice: "...me ha ungido," quiere decir que Jesús es el Cristo y que Cristo debe hacer
todas estas obras y el que está haciendo estas obras debe ser el Cristo. A la palabra griega
Cristo le corresponde la palabra hebrea Mesías, en latín Unctus y en alemán Gesalbter (ungido).
Los reyes y sacerdotes usualmente estaban ungidos para el reinado y para el sacerdocio. Pero
Isaías dice que este Rey y Sacerdote sería ungido por Dios mismo, no con aceite real sino con el
Espíritu Santo que debe venir sobre Él diciendo: "El espíritu del Señor Jehová está sobre mí". Esa
es la unción con que el Espíritu me ungió. Así él ciertamente predica buenas nuevas a los débiles
y proclama el año aceptable, el tiempo de la gracia, etc.
De nuevo, Isaías 35: 4,5 y 6 dice:
4 Decid á los de corazón apocado: Confortaos, no temáis: he aquí que vuestro Dios viene con
venganza, con pago: el mismo Dios vendrá, y os salvará.
5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.
6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo...
Si hubieran comparado las Escrituras con las obras de Jesús, habrían reconocido el testimonio de
Juan acerca de las obras de Cristo, que él era el verdadero Mesías. Lucas dice cuando los
discípulos de Juan le preguntaron, Cristo sanó a muchos de sus enfermedades y malos espíritus y
le dio la vista a muchos ciegos (Luc. 7:21).
11) Aquí debemos tomar en nuestro corazón el ejemplo de Cristo, en cuanto que Él hace
referencia a sus obras, tal como el árbol es conocido por sus frutos, confrontando a los falsos
maestros, al papa, al los obispos, a los sacerdotes y a los monjes y monjas, diciéndoles que no
deben esconderse tras la expresión "somos cristianos", tal como el papa dice ser el "vicario de
Cristo".
Hasta este punto se ha traducido un 9% del sermón
4 de mayo 2004, 2141 Hrs. Continúa
Los sermones
de Martín Lutero
En construcción