Para ese tiempo, la iglesia cristiana había disfrutado de un largo período de paz, que incidió
negativamente en la espiritualidad de la iglesia. Cuando se publicaron los edictos en contra del
cristianismo, miles de cristianos hicieron profesión pública de su fe y marcharon gozosos al martirio.
Por otro lado, grandes cantidades de cristianos se presentaron voluntariamente ante los
magistrados para hacer constar su renuncia a la fe en Cristo. La persecución de Decio fue la más
terrible que hasta ese momento enfrentó la iglesia. Al terminar la persecución, la iglesia tuvo que
tratar con el problema de los que habían renunciado a la fe, que se conocían como caídos (lapsi, en
latín), que volvían a la iglesia pidiendo ser admitidos nuevamente. Una de las primeras víctimas de
la persecución de Decio fue Fabián.
Decio fue derrotado y muerto en junio del año 251 a manos de los godos. La derrota de Decio y su
ejército fue tan desastrosa, que el cuerpo del emperador nunca fue recuperado.


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romanos