Después que su padre fue elevado a la dignidad de César, Constantino sirvió en la corte de
Diocleciano y luego en el año 305 luchó junto a Galerio en el río Danubio. Luego de la muerte de
Constancio I Cloro, Constantino fue proclamado César por sus tropas. El emperador Galerio
reconoció su título aunque sin mayor entusiasmo. En abril del año 308, Galerio y Licinio
reconocieron a Constantino como Augusto. Para entonces, Constantino tenía bajo su mando a lo
mejor de los ejércitos romanos, lo que aumentaba grandemente su poder.

En el año 312 Constantino que contaba con un reducido ejército de no más de100,000 hombres,
marchó contra Majencio que contaba con 190,000 hombres listos para la batalla. Marchó contra la
ciudad de Susa y luego en su marcha aniquiló un poderoso ejército en las cercanías de Turín.
Continuó en dirección suroeste y se enfrentó a Ruricius, prefecto de la guardia de Majencio, quien
se atrincheró en la ciudad. Mientras asediaba Verona, Constantino se enteró que venía en camino
un fuerte ejército con tropas de refresco para la fortaleza de Verona. Sin dudarlo, tomó una parte
de sus fuerzas y les salió al encuentro. Aunque Constantino estaba en clara inferioridad numérica,
su decisión y estrategia le dieron una total victoria. Seguidamente, la fortaleza de Verona cayó en
manos de Constantino. Había llegado el momento de marchar sobre Roma, pero Constantino sólo
contaba con 20,000 hombres y Majencio con 100,000. Constantino inició la marcha. En la víspera
de la batalla contra Majencio se dice que Constantino soñó al señor Jesús que le decía: "Escribe
XP (las dos primeras letras la palabra Cristo en griego [Cristoç]) en los escudos de tus tropas". La
leyenda dice que al día siguiente vio en el sol una cruz y las palabras
"in hoc signo vinces" (latín,
con esta señal vencerás). Constantino venció a Majencio en una batalla librada el 28 de octubre
del año 312, cerca de Roma en las proximidades del puente Milvio sobre el río Tiber. Convencido
que el Dios de los cristianos le había dado la victoria Constantino abandonó sus creencias paganas
y en el año 313 juntamente con su coemperador Licinio, emitió el "Edicto de Milán". En ese edicto
proclamó la tolerancia del cristianismo, detuvo la persecución de los cristianos y restituyó los
bienes confiscados a la iglesia, aunque no prohibió el paganismo.
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