Claudio II también acuño algunas monedas con la efigie del dios Vulcano. Posiblemente para hacer
un paralelo entre Claudio II como defensor de Tesalonica, también acuñó una moneda con la efigie
de Cabiri, uno de los hijos de Vulcano, patrón de esa ciudad.  Otras monedas tenían la inscripción
“GENIVS SENATVS”, con lo que parece ser un intento por mejorar las relaciones con el senado.
Otra moneda peculiar acuñada por Claudio II fue la que incluía a la diosa Isis de los egipcios.

El mayor reto que enfrentó Claudio II fue en el año 269. Los godos reunieron una fuerza invasora
de 320,000 hombres que transportaron en unos 2,000 barcos. Comenzaron atacando las ciudades
costeras del Mar Negro. Luego sobre el mar Egeo, atacaron Tesalónica. En ese momento, Claudio
II salió de Roma con su ejército para detener a los invasores. Los godos enviaron la mayor parte de
su ejército contra Claudio, el resto se quedó en los barcos y continuó el ataque costero. Claudio
envió a Aureliano con la caballería a protejer Iliria. Él personalmente dirigió el resto de sus tropas a
la zona del Danubio, donde se enfrentaría a los godos. Claudio II derrotó a los godos infringiéndoles
30,000 bajas, mientras que Aureliano mató a 3,000 invasores. A estas victorias romanas siguieron
otras de menor escala. Roma se había salvado por unos 200 años más. Sin menospreciar el valor y
la habilidad guerrera de los oficiales y tropas romanas, el clima, la falta de logística y las plagas
fueron factores determinantes en la derrota de los godos. Por esta victoria fue que Claudio II recibió
el título de Gótico. También le dieron el título de Pártico, pero durante su reinado no se registra
ninguna guerra con los partos. Poco después de su victoria, Claudio II enfermó gravemente, el
vencedor del formidable ejército de los godos, no pudo vencer la plaga. Murió en Sirmium (hoy
Sremska Mitrovica, en Serbia), en la región de Panonia a principios del año 270, a los 56 años de
edad. El senado ordenó que se pusiera una estatua dorada de Claudio II frente al templo de Júpiter
y un retrato de oro de Claudio II en la curia, seguidamente fue deificado. Después de la muerte de
Claudio II se tejieron muchas historias, una de ellas decía que no había muerto de la plaga sino que
había ofrecido su vida a los dioses para que Roma pudiera ganar la guerra contra los godos.
Constantino I el Grande que supuestamente era su descendiente, acuño monedas conmemorando
la grandeza de Claudio II. Algunas de esas monedas decían:
“DIVO CLAVDIO OPT(IMO) IMP
(ERATORI), MEMORIAE AETERNAE"
y "REQVIES OPT(IMORVM) ME(RITORVM)”. Aparte de la
propaganda, se puede ver que Claudio II fue un buen emperador para Roma, quizá el mejor del
siglo III, hizo cuanto pudo por restaurar el imperio y por protegerlo.
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