Colegio Evangélico La Palabra
The Word - La Palabra©
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Escritos
clásicos
                      Confesión de Augsburgo

A continuación se encuentra un fragmento de la Confesión de Augsburgo, esta es la
primera de las grandes confesiones protestantes.  En esta confesión basan todas sus
enseñanzas las iglesias luteranas hasta el día de hoy.

En 1530, Carlos V emperador del Sacro Imperio Romano reunió a todos los príncipes y
dignatarios de las ciudades alemanas en lo que hoy se conoce como la "Dieta de
Augsburgo".  El propósito de Carlos V era unir a todos sus súbditos para enfrentar los
ataques de los turcos contra Austria.  
También pidió a la realeza alemana explicara sus convicciones religiosas, esperando
resolver el problema que había suscitado el surgimiento del movimiento protestante.  
Entre los convocados se encontraba Philip Melanchthon, un amigo cercano de Martín
Lutero y también profesor de Nuevo Testamento en la universidad de Wittemberg.  
Melanchthon fue llamado para que elaborara un documento que reuniera la fe del
protestantismo alemán, el resultado fue lo que se conoce como la "Confesión de
Augsburgo" que fue presentada a Carlos V en latín y alemán.  El presente documento
es una traducción publicada en 1930 por la iglesia Luterana de EE UU conocido como
"Concordia Triglota".


Artículo 1

Nuestras iglesias en concenso enseñan que el decreto del concilio de Nicea
concerniente a la unidad de la Divina Esencia y respecto a las tres divinas personas es
verdadero y ha
de ser creído sin ninguna duda; es decir que hay una Divina Esencia que es llamada y
que es Dios.  Eterno y sin cuerpo, sin partes, de infinito poder, sabiduría, y bondad, el
autor y preservador de todas las cosas, visibles e invisibles.  Que en la Divina Esencia
hay tres personas de la misma esencia y poder, que son co-eternas, el Padre, el Hijo, y
el Espíritu Santo.  Y el término "Persona" como los Padres [de la iglesia] lo han usado,
no significa una parte o cualidad de otro, sino que subsiste en sí misma.

Condenan todas las herejías que se han levantado contra este artículo, como los
maniqueístas, que asumieron dos principios, uno bueno y uno malo, también los
valentinianos, los arrianos, los eunomianos, los mahometanos y todos [los que piensan]
como ellos.  Condenan también a los samosatenses antiguos y modernos que
sostienen que sólo hay una Persona y que "Palabra" significa palabra hablada y
"Espíritu" significa movimiento en las cosas creadas.


Artículo 2
Del pecado original

También enseñan que desde la caída de Adán, todos los hombres engendrados de
forma natural nacen con pecado, esto es: Sin temor de Dios, sin confianza en Dios, y
con concupiscencia, y que esa enfermedad o vicio de origen, es realmente pecado.


Artículo 3
Del Hijo de Dios

También enseñan que La Palabra, esto es, el Hijo de Dios, tomó la naturaleza humana
en el vientre de la bendita virgen María, así que hay dos naturalezas, la divina y la
humana, inseparablemente unidas en una persona, Cristo, verdadero Dios y verdadero
Hombre, que nació de la virgen María, padeció verdaderamente, fue crucificado,
muerto y sepultado para poder reconciliarnos con el Padre, y ser un sacrificio, no
solamente por la culpa original sino por todos los pecados del hombre.

También descendió al infierno y verdaderamente resucitó al tercer día, después
ascendió a los cielos para sentarse a la diestra del Padre, y por siempre reina y tiene
dominio sobre todas las creaturas y las santifica para que crean en Él, enviando al
Espíritu Santo a sus corazones, para regir, confortar y darles vida, para defenderlas
contra el diablo y el poder del pecado.

El mismo Cristo vendrá de nuevo, para juzgar a los vivos y a los muertos, etc., de
acuerdo al credo de los apóstoles.  Condenando y trayendo muerte eterna sobre los
que no han nacido de nuevo por medio del bautismo del Espíritu Santo.

Condenan a los Pelagianistas y a otros que niegan que la depravación original sea
pecado, y quienes, para empañar la gloria de los méritos de Cristo y sus beneficios,
arguyen que el hombre puede ser justificado ante Dios por su propia fuerza y razón.


Artículo IV
De la Justificación

También enseñan que los hombres no pueden ser justificados delante de Dios por sus
propias fuerzas, méritos u obras, sino que son gratuitamente justificados por causa de
Cristo, por medio de la fe, cuando creen que son recibidos en favor y que sus pecados
son perdonados por medio de Cristo, quien por su muerte ha satisfecho la causa de
nuestros pecados.  Esta fe es justificación a los ojos de Dios.  Romanos capítulos 3 y 4.


Artículo V
Del Ministerio

Que podemos obtener esta fe, el ministerio de enseñar el Evangelio y administrar los
Sacramentos.  Porque por medio de la Palabra y de los Sacramentos así como por
medio de los instrumentos, el Espíritu Santo es dado, quien trabaja por fe, donde y
cuando Dios lo quiere, en los que escuchan el Evangelio para testificar que Dios, no
nuestros propios méritos, sino por causa de Cristo, justifica a aquellos que creen que
han sido recibidos en gracia por causa de Cristo.

Condenan a los anabaptistas y otros que piensan que el Espíritu Santo viene a los
hombres sin la Palabra externa, por medio de sus propias preparaciones y obras.
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