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En construcción
Ciencia y
cristianismo

El sol tiene la reputación de ser la estrella más estable que arde en el firmamento. Es
por esa estabilidad que la vida es posible en la tierra.

Por millones de años, el sol ha ido acrecentando su calor, debido a que la fusión nuclear
del hidrógeno que se convierte en helio progresa. Hoy el sol arde a 35% más caliente
que cuando Dios creó la tierra. Si el sol mantiene constante el aumento de su
temperatura y luminosidad, posiblemente pasarán unos 30 millones de años para que la
vida en la tierra ya no sea posible debido al calor.

Las fluctuaciones de calor del sol son relativamente fáciles de medir. El efecto de la
gravedad de cualquier cuerpo depende de directamente de su masa. La fuerza de
gravedad hace que el sol se y todos los cuerpos celestes se contraigan, mientras que la
actividad termonuclear hace que nuestra estrella se expanda. El viento solar hace que el
cometas producen una leve ganancia de masa.   Sin embargo, esa variación es muy
leve para producir cambios apreciables en la luminosidad y calor del astro.

A bordo del observatorio espacial SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) lanzado
el 2 de diciembre de 1995, se incluyó un equipo conocido como MDI (Michelson Doppler
Imager) capaz de lograr mediciones con un exactitud impresionante, con un margen de
error de uno en un millón ochocientos mil.

El MDI detectó una relación entre el diámetro solar y el período de once años de las
manchas solares.  Varios astrónomos ya habían anticipado una relación entre el
diámetro del sol y la actividad de las manchas solares. La cantidad de fusión nuclear
determina la cantidad de energía solar que recibe la tierra. Las manchas solares son
producidas por los cambios magnéticos del sol. Cuando se eleva la actividad
magnética, la producción de calor disminuye, con lo que consiguientemente disminuye la
expansión solar.